Gaia

Por:  Gabriela Mondragón

Este portentoso nombre abraza un significado lleno de filosofía y de amor por la vida.  Para los griegos era la Diosa de la Tierra.  Por lo general  escuchamos cómo en la mitología griega se veneraba a Zeus el Dios del  cielo y soberano de los dioses olímpicos.  Zeus corresponde al Dios Romano Júpiter.  Los romanos suplieron todos los miembros de la mitología griega con nombres que actualmente se usan en astronomía o astrología, con los nombre de los astros y planetas que pertenecen a nuestra Galaxia.

Gaia es nada más que el planeta donde habitamos los seres humanos y desde el punto de vista de la mitología es un ente que está vivo y experimentando sus propias pruebas, venciendo sus miedos y potencializando sus virtudes.  Gaia da vida y da muerte bondadosa a toda su infinidad de reinos.  A veces sacude su ser con todas sus fuerzas y provoca temblores para reajustarse.  En otras ocasiones nos brinda su lluvia para dar nacimiento a nueva vida.  Envía la sequía para que seamos conscientes de la importancia de la abundancia.  Sus vientos limpian el cielo para que podamos ver la correlación que existe entre todos los astros y planetas que son estudiados por la mayoría de las civilizaciones milenarias y ahora nuestros conocidos científicos.

Gaia es un llamado a la unidad de todo ser viviente desde el más microscópico hasta el más enorme.  Con todos sus elementos vitales y todas las formas de los diferentes reinos que van desde el mineral, vegetal y animal, estudiados por la biología y geología, podemos percibir que la vida es una nube,  es una roca, una montaña, un insecto, una ola de mar, un microbio y así hasta el último eslabón en la escala de la evolución que es el ser humano.

Gaia es una Diosa que lleva consigo misma toda su multiplicidad de vida y su tarea evolutiva.  Gira en su órbita con la intención de seguir el espiral de la evolución cuántica.  Sus hijos más preciados los humanos son a veces bendecidos por un Júpiter que da en abundancia y a veces castigados por un Saturno que como misión lleva la de ser restrictivo y vigilar la buena conciencia y la disciplina.  Neptuno puede invitarnos a sus mares dependiendo la forma que tengamos la capacidad de ver la realidad.  Puede ayudarnos a tener una mayor conexión espiritual, pero también podemos caer en la tentación de la evasión y la compulsión del fantaseo.

En Gaia es dónde vivimos y experimentamos.  Dónde damos luz a nuestras sombras y donde seguimos reproduciéndonos, esperemos en una mayor consciencia.  En Gaia nuestro paraíso está hecho y diseñado para que podamos percatarnos de que como es arriba es abajo, como es adentro es afuera y como cada acto de nuestra vida repercute tremendamente en todo lo demás.

“No podemos mover un grano de arena, sin que todo el universo se estremezca”